Un expediente por daños de la DANA fue rechazado por supuesto impago, cuando en realidad el error estaba en la domiciliación bancaria utilizada por la aseguradora al reactivar la póliza. Al acreditarse que la voluntad de pago existía y que el fallo era administrativo, el expediente se reabrió, se reconoció la cobertura y se aprobó una indemnización superior a 25.000 €. Un ejemplo claro de que un cierre inicial no siempre significa que el caso esté perdido.
Cuando ocurre un desastre natural de gran magnitud—una DANA, un terremoto o una erupción volcánica— surge siempre la misma pregunta: ¿Esto lo cubre mi seguro o el Consorcio de Seguros?
Cuando una aseguradora deniega una reclamación, el mensaje suele ser claro y aparentemente definitivo: "No está cubierto", "no procede", "la póliza no lo contempla".
Aseguras tu negocio, pagas la póliza cada año, y piensas que, si pasa algo, estarás cubierto.
Cuando ocurre un siniestro grave—un incendio, una inundación o una DANA como la que se sufrió en Valencia— el problema no acaba cuando se apagan las llamas o baja el agua y se achica el barro.
Una filtración en la pared, una tubería rota, el techo del baño del vecino cediendo...
¿Has tenido una fuga, una rotura o una inundación en casa?
Contratas un seguro, pagas tus primas y piensas que, pase lo que pase, estarás cubierto.
Tras una DANA, muchas personas dan por hecho que, si el Consorcio de Compensación de Seguros interviene, la indemnización llegará de forma automática y correcta.
Cuando un siniestro paraliza un negocio, una mala reclamación puede agravar las pérdidas. Te explicamos cómo justificar daños y reclamar correctamente al seguro o al Consorcio.