Muchas reclamaciones al seguro no se pierden porque el siniestro no esté cubierto, sino por errores que se cometen durante el proceso de reclamación a la aseguradora.
Un ejemplo habitual
En algunos siniestros, el asegurado decide realizar reparaciones sin factura para reducir costes. En un caso real, esta decisión impidió acreditar correctamente el valor de reconstrucción.
La aseguradora, en ese supuesto, sí habría abonado el IVA de los trabajos si se hubiera podido justificar el coste real. Al no existir documentación suficiente, la reclamación quedó debilitada y se perdió margen de indemnización.
No es un error evidente en el momento de reparar, pero sus consecuencias suelen aparecer cuando ya es tarde para corregirlo.
En resumen
Si estás en medio de una reclamación, lo que suele marcar la diferencia no es cuánto se insiste, sino cómo se documenta y se plantea cada paso.

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